Cuantos más streamers conozco, mejor me caen los Corleone. Que me perdone Maruja Torres por versionar su frase y que me perdonen también los streamers decentes, que seguro son gran mayoría. Pero menuda racha. Todavía le estoy dando vueltas no ya a las repugnantes imágenes donde se ve al streamer Aruberuto Makoto vejando junto a otro tipo a una mujer aparentemente ebria en Tokio, último incidente de su largo historial, sino a sus vacías disculpas, ese intento de control de daños reputacionales que tanto se gastan los perfiles públicos, ajeno a un reconocimiento real del agravio cometido.

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