Al Barcelona no le bastaba con el ruido mediático alrededor de Julián Alvarez. También quería escuchar rugir al Metropolitano. Esperaba, en definitiva, algo similar a lo que ocurrió el domingo pasado: el argentino sufrió el escarnio de la afición del Atlético de Madrid. Una pitada sonora que terminó con el club madrileño escondiendo al delantero tras el empate contra el Villarreal. “Se decidió que no se acerque con los compañeros a saludar a la gente, separarlo para que fuera a los vestuarios”, comentó Diego Pablo Simeone. El mismo problema de todo el verano. La misma solución. Ninguna.

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