La cuenta regresiva hacia el Mundial de 2026 reaviva el pendiente de ordenar la convivencia entre taxis tradicionales y plataformas digitales en los principales puntos de acceso del país. Aeropuertos, estadios y zonas turísticas serán el primer contacto de millones de visitantes con ciudades como la Ciudad de México. Solo el Aeropuerto Internacional capitalino movilizó 44 millones de pasajeros en el último año, una cifra que crecerá con la llegada de al menos 5.5 millones de turistas adicionales durante el torneo. En ese contexto, el transporte se convierte en una pieza crítica de la experiencia. “Necesitamos brindarle a los visitantes la mejor experiencia en su llegada y en su movimiento por la ciudad”, señala Guillermo Malpica, director ejecutivo de AlianzaIn México, organización que agrupa a empresas tecnológicas como Uber, DiDi, Rappi e inDrive.
El plan del gobierno y la presión del MundialDesde la perspectiva de Malpica, esta coyuntura obliga al sector público y privado a pensar en una solución de largo plazo, “no solo para el Mundial”. El tema volvió al centro del debate luego de que el gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, anunciara que busca reorganizar la operación del transporte en el AICM. La medida apunta a ordenar el acceso de taxis y aplicaciones en uno de los puntos más saturados del país, y podría convertirse en el modelo para otras terminales aéreas de cara al Mundial. Para Malpica, el problema de fondo radica en que las reglas de operación no se actualizaron a la par del mercado. “Nuestra regulación es obsoleta, es previa a la existencia de las plataformas digitales. Eso genera incertidumbre operativa y deja todo a interpretación”, señala. Pero la discusión va más allá de permitir o no el acceso, de acuerdo con el director ejecutivo de AlianzaIn el reto está en rediseñar la infraestructura y la operación, desde zonas específicas de ascenso y descenso hasta esquemas de integración entre distintos medios de transporte. En ciudades con alta afluencia turística, como Las Vegas o Nueva York, los aeropuertos y centros comerciales cuentan con puntos claramente delimitados para cada tipo de servicio: taxis, aplicaciones, transporte privado o shuttles. En el AICM ya se intentó hacer algo al respecto con la designación de una zona fuera de la terminal 2 para abordar taxis por aplicación; sin embargo, la medida no termina de adoptarse por el público. El punto recibe críticas por su ubicación y falta de condiciones de seguridad y hay usuarios que siguen pidiendo el servicio al interior de la base aérea, lo que evidencia que no basta con delimitar zonas, sino que deben diseñarse con infraestructura adecuada, según Malpica.
Un conflicto que lleva más de una década“En los principales aeropuertos del mundo conviven sin problema taxis, plataformas, autobuses. Incluso hay integración entre ellos”, explica Malpica. “Aquí necesitamos espacios seguros, accesibles y bien señalizados que pongan al usuario en el centro”. Ya existe un caso de éxito que, de acuerdo con Malpica, refleja los alcances que pueden tener el diálogo y las alianzas, se trata de inDrive en Cancún. La empresa logró operar en el aeropuerto tras asociarse con la empresa de taxis locales Caribe Exprés, integrando su servicio a través de la app pero bajo un modelo compatible con la regulación existente. Gracias a la colaboración con Caribe Taxi Exprés y el respaldo de las autoridades locales, inDrive asegura que hay registro de incidentes relacionados con hostigamiento o conflictos con grupos de transportistas. Para Malpica, este tipo de escenarios pueden marcar el camino: “Hay que aprender de las experiencias exitosas. Si ya hubo un buen resultado, entender cómo funciona y cómo se puede replicar en otros lugares”. La discusión sobre la forma de operar de taxistas y plataformas de movilidad en el mismo ecosistema no es nueva, pues desde la llegada de apps como Uber o DiDi a México, hay tensiones constantes con los taxistas, especialmente en zonas federales como los aeropuertos.
Los taxistas argumentan que los conductores de plataformas no se apegan a las normativas que ellos sí cumplen. Esto sucede porque en el caso de los primeros requieren trámites gubernamentales como regulación con licencias de transporte público, placas especiales y taxímetro, mientras que las apps como Uber exigen registros digitales contar con una licencia estándar o E1 y registro en app. En el caso de los aeropuertos, la principal diferencia radica en que los taxis autorizados tienen permitido operar en zonas federales. Para las aplicaciones, el escenario sigue marcado por la incertidumbre jurídica, por ejemplo, Uber cuenta con una suspensión definitiva derivada del amparo 1202/2025, otorgada en octubre de 2025, que impide a la Guardia Nacional detener arbitrariamente a sus conductores en más de 70 aeropuertos del país. Sin embargo, no se trata de un permiso para operar, sino de una medida temporal mientras se resuelve el juicio. De acuerdo con la Ley de Aeropuertos mexicana, estos espacios son considerados de jurisdicción federal, es decir, se necesita un permiso federal para brindar servicios de traslado de pasajeros en ellos. Cualquier plataforma de las que ahora existe en el mercado mexicano puede trasladar personas a cualquier aeropuerto en México, pero no recoger pasajeros a menos que tenga el permiso mencionado. Esta ambigüedad es la que provoca operativos, protestas y bloqueos, como los registrados recientemente en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), en los que los taxistas exigen la salida de las plataformas de este espacio. Pese a la urgencia que la Copa del Mundo pone sobre el tema, Malpica señala que uno de los principales pendientes es la falta de diálogo entre los actores involucrados. “No hemos tenido una sola mesa de diálogo donde estén todos: autoridades, taxistas, plataformas, aeropuertos y consumidores”, dice. Tener un espacio de diálogo de este tipo, asegura, permitiría conocer las necesidades reales de quienes trabajan en el sector y en lugar de exigir más protocolos sobre los ya existentes, generar una nueva normativa que encuentre un punto medio para que taxis y plataformas puedan trabajar.
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