Juan Carlos Carpio cumplió el 14 de junio su primer mes al frente de Petróleos Mexicanos (Pemex) , una empresa que arrastra la mayor deuda financiera entre las petroleras del mundo y que continúa enfrentando problemas operativos que van desde fugas , derrames e incendios en instalaciones estratégicas. El relevo en la dirección general ocurrió en un momento en que la petrolera estatal busca estabilizar sus finanzas y elevar la producción de hidrocarburos . Sin embargo, durante las primeras cuatro semanas de gestión del exdirector corporativo de Finanzas, la compañía registró una cadena de incidentes que volvió a exhibir el desgaste de su infraestructura .

Los eventos también muestran que los desafíos de Pemex trascienden a la persona que ocupa la dirección general. Especialistas consideran que se trata de problemas acumulados durante años de restricciones presupuestales, rezagos en mantenimiento y una estructura financiera que limita la capacidad de inversión . “En este momento no importa quién esté a la cabeza de Pemex, es muy difícil cambiar la trayectoria que ya tenía la empresa; el mantenimiento es algo de largo plazo, pero el deterioro que acumula es normal que se mantenga la trayectoria de derrames, de accidentes, y por otra parte, desde el ángulo estratégico, no hemos visto mayores cambios”, dijo Óscar Ocampo , director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) .

Una cadena de incidentes en el arranque de gestión Apenas un día después de que Carpio asumiera el cargo, la refinería Olmeca , en Dos Bocas, Tabasco , registró una flama en uno de sus tanques de almacenamiento de residuos de vacío durante trabajos de mantenimiento programado. La empresa informó que la situación fue controlada y que las operaciones continuaron con normalidad. Días después, el 22 de mayo, se reportó una fuga de gas LP en un ducto del sistema Cactus-Guadalajara , en el Estado de México . Pemex atribuyó el incidente a trabajos ferroviarios realizados en la zona de Palmillas. La secuencia continuó el 28 de mayo con un incendio en la planta VII de amoniaco del complejo petroquímico de Cosoleacaque, Veracruz , uno de los principales centros de producción de fertilizantes del país. Junio tampoco dio tregua. El día 3, la petrolera informó que realizaba inspecciones en la terminal marítima de Manzanillo , Colima, después de detectar una mancha aceitosa en la bahía. Hasta ahora, la empresa no ha dado mayores detalles sobre el origen o las dimensiones del incidente. Dos días más tarde reportó una fuga en el pozo Krem-1 , ubicado en el municipio de Las Choapas, Veracruz . El incidente se había originado meses atrás, pero fue informado de manera puntual apenas en junio, mientras avanzaban los trabajos de reparación. Pemex explicó que las emanaciones de hidrocarburos y gases se mantienen bajo quema controlada y que fueron construidas fosas de contención para manejar posibles escurrimientos. Las labores de atención continúan. El 9 de junio se presentó un derrame de combustóleo en un ducto de Salina Cruz, Oaxaca . La empresa suspendió temporalmente la operación del sistema para disminuir la presión de la línea afectada y contener el flujo del hidrocarburo. Un día después se registró una fuga de gas LP en San Matías Tlalancaleca, Puebla . En este caso, la compañía señaló que el incidente estuvo relacionado con una toma clandestina en el ducto de 24 pulgadas Cactus-Tula-Guadalajara . Los protocolos de emergencia fueron activados y las operaciones del sistema quedaron suspendidas mientras se realizaban las reparaciones correspondientes. La lista de incidentes cerró, por ahora, el 11 de junio con la detección de manchas sobre el agua en el Río Pánuco , en Ciudad Madero, Tamaulipas , cerca de instalaciones petroleras. Los análisis efectuados por la empresa concluyeron que no se trataba de hidrocarburos en fase libre . Aun así, se desplegaron barreras marinas y se mantuvo el monitoreo de la zona. En cada uno de estos casos, Pemex ha sostenido que no hubo personas lesionadas, afectaciones mayores a las instalaciones ni riesgos significativos para la población o el medio ambiente.

Un problema estructural más allá de la dirección Ocampo consideró que la empresa continuará enfrentando este tipo de desafíos mientras las transformaciones permanezcan en el discurso y no se traduzcan en una mayor capacidad de inversión. “Necesitan aliarse con otras partes para compartir riesgos, porque no se tienen los recursos para invertir por sí mismo como en proyectos de fracking o de aguas profundas”, afirmó el especialista. La presión financiera sigue siendo uno de los principales obstáculos. Pemex enfrenta elevados compromisos de deuda , pagos pendientes a proveedores y necesidades de inversión multimillonarias para sostener la producción, modernizar instalaciones y atender rezagos de mantenimiento. En refinación , agregó Ocampo, el margen de maniobra también es limitado. Varias instalaciones operan con bajos niveles de rentabilidad y requieren inversiones constantes para mantenerse en funcionamiento. “Hay poco margen de acción si el gobierno no está dispuesto a tomar decisiones costosas en términos políticos, como considerar que algunas refinerías tendrían que cerrar”, señaló Ocampo. Por ahora, el primer mes de Juan Carlos Carpio al frente de Pemex ha estado marcado menos por cambios estratégicos y más por una sucesión de incidentes que exhiben la magnitud de los retos operativos de una empresa cuya recuperación depende no solo de nuevos directivos, sino de resolver problemas estructurales acumulados durante décadas.

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