Dorian Astor, uno de los intérpretes de Nietzsche más finos de hoy —con permiso de Safranski—, dice que lo apolíneo y lo dionisiaco no son dos caras opuestas de una moneda, como el yin y el yang, sino los extremos de un arco. Entre ambos puntos está lo humano. No hay apolíneos ni dionisiacos, como forofos de equipos de fútbol rivales, sino que las personas (lo que Nietzsche llamaba “los hombres modernos”) tenemos momentos y rasgos que tiran más a lo apolíneo y otros que tiran más a lo dionisiaco.

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