La Secretaría de Hacienda mantuvo el optimismo para el crecimiento económico de este año, a pesar de que los primeros indicadores de 2026 invitan al pesimismo . Los analistas señalan que el problema no es solo el desajuste entre las perspectivas del gobierno y las del mercado, sino que el estancamiento económico se está prolongando y puede amenazar otros objetivos . Tanto la inversión como el consumo privado cayeron en el primer mes del año , lo cual compromete el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año y aleja a la economía de un crecimiento como el que espera el gobierno.
“Aunque el PIB del primer trimestre aún puede salir ligeramente positivo por arrastre, la caída de consumo e inversión en enero hace muy improbable una secuencia de crecimiento suficiente para alcanzar siquiera el piso de Hacienda”, explicó Priscila Robledo, economista jefe de Fintual México. Hacienda mantuvo su expectativa de crecimiento económico en un rango de entre 1.8 y 2.8% para 2026 , de acuerdo con los Pre-Criterios de Política Económica recientemente publicados. Si se toma el dato central, el gobierno espera que el PIB crezca en 2.3% este año , lo cual contrasta con organismos internacionales, analistas y el propio Banco de México, cuya última previsión espera apenas un crecimiento de 1.6% , muy por debajo de lo presupuestado por Hacienda. Se trata de una situación que ya en el sexenio anterior implicó cero crecimiento del PIB per cápita, por ejemplo. Ocho años de estancamiento per cápita exhiben la fragilidad fiscal del país El problema va más allá de 2026, aunque la administración de Claudia Sheinbaum espera una mayor expansión económica en 2027. “Si el crecimiento de México se mantiene persistentemente por debajo del PIB potencial, la implicancia no es solo cíclica sino también estructural: la economía opera con holgura, pero además empieza a debilitar su propia capacidad de crecer más adelante”, señala Robledo. Además, cabe recordar que en 2025, el PIB creció apenas alrededor de 0.6%, evitando una recesión técnica, pero confirmando un periodo de virtual estancamiento. “Este patrón apunta a una desaceleración del crecimiento potencial, estrechamente vinculada con la evolución de la inversión”, explicó el economista en jefe de Valmex Casa de Bolsa, Gerónimo Ugarte. De hecho, el experto señala que lo que se ganó en inversión tras la primera ola del nearshoring, en 2023, cuando repuntó 19.7%, se revirtió fuertemente en 2025, cuando la inversión fija cayó 6.7% . Además, al inicio de 2026, este indicador acumula más de un año consecutivo de retrocesos anuales. “La inversión no solo determina el ritmo de expansión en el corto plazo, sino que condiciona la acumulación de capital, la productividad y, en última instancia, la capacidad de crecimiento de largo plazo”, enfatiza Ugarte.
¿Por qué no hay inversión? La apuesta por el T-MECLa falta de inversión en los últimos meses se debe, en parte, a la incertidumbre que causa la política comercial de Estados Unidos . No obstante, el economista también apunta a la larga pausa que ha significado la revisión del T-MEC en 2026. “La posibilidad de ajustes en reglas de origen, procesos de negociación prolongados o escenarios de presión bilateral ha sido suficiente para retrasar decisiones de inversión en sectores intensivos en capital”, apunta. La organización México ¿Cómo Vamos? añade que la contracción de la inversión privada y pública también se explica por la incertidumbre que provocaron las últimas reformas constitucionales , sobre todo al Sistema Judicial . De hecho, al cierre de 2025, la inversión privada se contrajo 15.3% anual y el gobierno no tiene suficiente espacio fiscal para revertir la tendencia pronto. Además, el bajo crecimiento, a su vez, puede provocar un desaliento en las inversiones nuevas, provocando un círculo vicioso. “Con crecimiento débil, la inversión privada tiende a concentrarse en mantenimiento y no en expansión. Eso no solo reduce el crecimiento hoy, sino que deprime la inversión en equipo, frena la adopción tecnológica y limita la creación de empleo formal en el mediano plazo”, apunta Robledo. Pese a este diagnóstico, Ugarte añade que la inversión también puede reaccionar con velocidad cuando se disipa la incertidumbre. Por lo cual un proceso ordenado en la revisión del T-MEC puede “destrabar una proporción relevante de los proyectos hoy postergados”. Pero advierte que un escenario de crecimiento sostenido de largo plazo no se hará presente con “estímulos transitorios” y sin inversión pública. “La inversión en infraestructura pública puede desempeñar un papel catalizador importante, siempre que genere complementariedades con la inversión privada”, indicó. No obstante, el gobierno también dejó en claro que una de sus prioridades, antes de detonar la inversión pública, es su compromiso con la estabilidad de las finanzas públicas . Pero este objetivo también tiene retos. Según Alejandro Saldaña, economista en jefe de Banco Ve por Más, el primero de estos está relacionado con los “supuestos algo alegres en algunas variables macroeconómicas (sobre las cuales se estiman los ingresos y egresos), como el crecimiento del PIB, el nivel de la plataforma petrolera, la desaceleración en la inflación y tasas de interés bajas; aunque buena parte de ello se ve compensado por una estimación conservadora para los precios del petróleo”. La segunda clase de retos, añade, “tiene que ver con lo incierto sobre el espacio con el que cuenta Hacienda para seguir recortando el gasto programable, además de generar más eficiencias en la recaudación y elevar la fiscalización”.
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