Calor agobiante en un recinto de una ciudad de Pomerania en la que la gente va en manga corta con lluvia y cinco grados en la calle. Acaba de terminar una mañana intensa en el gigantesco pabellón de Torun, en el que en un momento se cruzan dos campeonas olímpicas, una, Keely Hodgkinson, dando cuatro vueltas a la pista, sola, delante de todas, tan elegante, primera etapa de su ruta hacia el oro mundial en los 800m; otra, la ucrania Yaroslava Mahuchikh, midiendo los apoyos acelerada hacia un listón a 2,01 metros para ganar su segundo Mundial bajo techo.

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