La ficción literaria se monta con retazos de realidad. La construcción psicológica de los personajes toma siempre algo o mucho prestado de las personas de carne y hueso. El escándalo surge cuando la copia es evidente. Evelyn Waugh imaginó en Retorno a Brideshead al arribista Rex Mottram, esposo de Lady Julia Flyte, a partir de Brendan Bracken, el ministro de Churchill cuya pomposidad y vanidad detestaba el escritor. Truman Capote fue condenado al ostracismo social y a la depresión cuando reveló los secretos de “los cisnes”, las socialités neoyorquinas cuya amistad cultivó, en Plegarias Atendidas.

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