El secretario de Economía, Marcelo Ebrard , confirmó que ya sostuvo conversaciones con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, y su equipo , con el objetivo de abrir la discusión formal del T-MEC. Los equipos técnicos de ambos países trabajarán durante hoy y mañana para delinear los temas que marcarán esta nueva etapa.

A partir de esta reunión, ambos gobiernos encargaron a sus equipos revisar opciones concretas para fortalecer la producción y el empleo manufacturero en la región, al mismo tiempo que buscan cerrar el paso a insumos que ingresan bajo prácticas desleales dentro de las cadenas de suministro de América del Norte. Los equipos también analizan vacíos en sectores clave de la cadena regional y exploran medidas de política pública para atenderlos. Entre ellas destacan una mayor coordinación en seguridad económica, ajustes a las reglas de origen y posibles acciones comerciales complementarias. Desde hace meses, el gobierno mexicano anticipa que la revisión de 2026 exigirá una estrategia fuerte frente a Estados Unidos, en un entorno donde la política comercial de Donald Trump gira hacia un mayor control de las cadenas de suministro y un endurecimiento frente a Asia. Del lado estadounidense, Greer señaló en una entrevista con Fox News que las conversaciones avanzan con México, incluso por delante de Canadá, y ya entran en una fase más formal. Sobre la mesa aparece uno de los temas más sensibles del tratado, las reglas de origen. Ese componente define qué tanto contenido regional debe tener un producto para acceder a los beneficios arancelarios del acuerdo. La preocupación de Washington apunta a un punto específico, pues Estados Unidos busca evitar que México funcione como plataforma de entrada para insumos provenientes de China, Vietnam u otros países asiáticos. En otras palabras, quiere asegurar que el comercio dentro del T-MEC refleje producción real de América del Norte y no triangulación de mercancías. Ese enfoque conecta con tensiones que han marcado los últimos años sobre las advertencias sobre el uso de insumos chinos en exportaciones mexicanas, las investigaciones comerciales y el discurso político en Estados Unidos forman parte de un mismo hilo. La revisión del tratado se perfila como el espacio donde esas inquietudes tomarán forma concreta. México ha ganado terreno como socio comercial clave de Estados Unidos, impulsado por el nearshoring y por su capacidad manufacturera. Sin embargo, esa misma integración depende en buena medida de componentes importados de Asia, lo que coloca al país en una posición delicada en la negociación. El inicio de los trabajos técnicos marca apenas el primer movimiento. En los próximos meses, la discusión avanzará hacia temas más amplios que pueden contenido regional en sectores estratégicos y mecanismos para fortalecer la competitividad de la región. Ebrard y Greer acordaron mantener una agenda constante de reuniones técnicas en los próximos meses. El objetivo es avanzar con definiciones puntuales y llegar a la revisión del 1 de julio con entregables concretos sobre la mesa.

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