Gravenberch para Mac Allister. Tuya-mía y los pivotes del Galatasaray presionan en vano. Mac Allister para Wirtz, y Wirtz que retiene la pelota hasta enhebrar la aguja con un pase a Salah que atraviesa una línea de cinco defensas. Todo en dos segundos. Todo por el medio hasta el remate de Salah que solo el portero turco, Cakir, parece frustrar. Pero el balón rechazado cae a los pies de Gravenberch, que fulmina. Es el 3-0 y es la clase de gol que los aficionados del Liverpool llevaban meses esperando. Meses de angustia y declive después de que el club invirtiera 500 millones de euros en fichajes el pasado verano. Un récord de gasto que parecía arrojado a la hoguera cuando el Galatasaray se presentó en Anfield con la ventaja del gol traído desde Estambul. A más de 20 puntos del líder de la Premier, la crisis acechaba al equipo inglés cuando Gravenberch hizo el tercer gol de la noche para culminar una combinación espléndida. Fue como romper el dique. Fue una liberación para el Liverpool. Fue la rendición del Galatasaray.

Seguir leyendo