Isabel Preysler recibe a sus invitados en su mansión. Los invitados llevan traje y zapatos limpios. Las invitadas, vestido largo y estolas de piel. La iluminación es cálida y suave. Isabel hace un gesto. Entra un mayordomo (pelo cano, espalda recta, buena disposición para el trabajo) con una bandeja sobre la que hay una pirámide de bombones envueltos en papel dorado. Una invitada toma uno de los bombones y sonríe. Isabel mira a cámara con un bombón en la mano. “La expresión del buen gusto”. Unos 20 segundos han bastado para vender un bombón industrial que se vende en colmados, gasolineras y supermercados. Para vender a Melania Trump han hecho falta más tiempo y más dinero: 40 millones por la venta de derechos (para la Primera Dama, ya que la ley de EE UU lo permite), y 35 millones en promoción (al cambio, unos 65 millones de euros en total). Según The New York Times, el presupuesto total de un producto de este tipo es de cinco millones de dólares. Pero no se escandalicen, que en el montante se incluye una serie documental sobre la exmodelo eslovena.

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