Países Bajos es la única cenicienta que ha perdido tres finales mundialistas —y dos semifinales por penaltis— sin calzarse nunca el zapato de cristal. Le dieron calabazas Beckenbauer en 1974, Kempes en 1978 e Iniesta en 2010. La estrella invisible que orla su escudo es la poética de la derrota. Sin embargo, llega a este Mundial con un potencial eléctrico. Arriba mandan Depay y Gakpo con instinto asesino. La banda derecha tiembla con las cabalgadas de Dumfries. Por el centro planea la visión cetrera de Frenkie de Jong moviéndose en su Bolshói. Atrás, como una roca con alma, laten la solidez y el carisma del capitán Van Dijk. Pero ante todo está en el banquillo —por primera vez en un Mundial— Ronald Koeman, el hombre que cambió para siempre el curso del Barça.
Ronald Koeman, un Wembley para el rey sin corona
El preparador oranje terminó con la maldición del Barça con la Copa de Europa. ¿Logrará lo mismo con Países Bajos y los mundiales?