Repensar los riesgos para fortalecer al negocio
Las empresas han desarrollado mecanismos para gestionar distintos tipos de incertidumbre. Algunas están preparadas para enfrentar cambios regulatorios; otras cuentan con estrategias para responder a interrupciones en las cadenas de suministro o a condiciones climáticas adversas. Sin embargo, el entorno plantea un desafío diferente para los tomadores de decisiones: cada vez es menos frecuente que los riesgos aparezcan de forma aislada. Es necesario repensarlos como fuerzas que interactúan y convergen en un mismo escenario. Los acontecimientos observados en distintas regiones del mundo apuntan en esa dirección. El fortalecimiento del fenómeno de El Niño , las transiciones políticas en economías relevantes, la aceleración de las inversiones vinculadas con inteligencia artificial y el crecimiento del gasto en defensa forman parte de tendencias distintas, pero con un impacto acumulativo sobre las operaciones, los costos y las decisiones de inversión, de acuerdo con el análisis de geoestrategia de EY .
El caso del El Niño ilustra claramente esta realidad. Más allá de sus efectos climáticos, un evento de gran intensidad puede afectar la producción agrícola, incrementar la presión sobre los sistemas energéticos y generar disrupciones logísticas. La reducción de la disponibilidad de agua, las alteraciones en rutas comerciales y el aumento de costos operativos pueden trasladarse rápidamente a múltiples sectores y geografías. En paralelo, los cambios políticos continúan moldeando el entorno de negocios. Los procesos electorales en distintos mercados muestran que factores como la capacidad de implementación de políticas públicas, la estabilidad institucional o la velocidad de ejecución gubernamental pueden influir de manera significativa en las decisiones empresariales. En muchos casos, el riesgo no proviene únicamente del cambio político, sino de la incertidumbre asociada con la transición y la capacidad de traducir decisiones en resultados concretos. Al mismo tiempo, la reasignación de capital observada en los mercados refleja cómo los inversionistas están ajustando sus prioridades. Cada vez más recursos se orientan hacia infraestructura digital, energía, manufactura avanzada y sectores vinculados con seguridad y resiliencia estratégica. Este movimiento responde tanto al avance tecnológico como a la necesidad de construir capacidades que permitan operar en un entorno geopolítico más complejo. Algo similar ocurre con el aumento del gasto en defensa a nivel global. Más allá de sus implicaciones fiscales, esta tendencia está influyendo en las cadenas de suministro, las políticas industriales y las decisiones de abastecimiento. Para muchas organizaciones, aspectos que antes eran predominantemente operativos ahora se están convirtiendo en consideraciones estratégicas.
Todo ello plantea una reflexión importante para los CEO. Tradicionalmente, la planeación empresarial ha evaluado riesgos de manera individual. Sin embargo, la realidad actual exige entender cómo interactúan entre sí. ¿Qué sucede cuando una interrupción climática coincide con restricciones energéticas? ¿Cómo se modifica una estrategia de crecimiento cuando convergen presiones regulatorias, transformaciones tecnológicas y cambios en los flujos de inversión? En un entorno donde los riesgos económicos, políticos, tecnológicos y climáticos se refuerzan mutuamente, la resiliencia ya no depende únicamente de reaccionar ante eventos inesperados. Depende, sobre todo, de repensar cómo las distintas fuerzas que están transformando el mundo pueden converger y redefinir las condiciones bajo las cuales operan los negocios. _____ Nota del editor: Manuel Solano es Socio Director Regional de EY Latinoamérica y Director General de EY México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
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