Quedo para cenar con una de las personas que más quiero en el mundo: nos unen muchos años de amistad repletos de viajes y locuras (y detenciones), varias pasiones compartidas y, sobre todo, un amigo común muerto repentinamente. Solo por esto, nos dijimos algún día aunque él quizá no lo recuerde, nos vamos a querer siempre, aunque él no deje de expresar su deseo de fusilarme en cuanto la democracia caiga: porque estamos unidos por algo imperecedero, algo que vivirá siempre porque ya ha muerto.

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