Las primeras horas después de la muerte de una persona están marcadas por el duelo, pero también por una cadena de procesos administrativos que, poco a poco, se digitalizan en México. Desde la emisión del certificado médico de defunción hasta el registro ante autoridades civiles y sanitarias, distintos sistemas comienzan a conectarse para agilizar gestiones que durante décadas dependieron exclusivamente de trámites presenciales y documentos en papel. En ese circuito participan hospitales, médicos legistas, el Registro Civil, autoridades sanitarias y organismos estadísticos. También lo hacen las funerarias, que cada vez más funcionan como intermediarios administrativos entre las familias y las plataformas gubernamentales.

El documento que activa el sistema

Aunque el proceso sigue combinando acciones manuales y digitales, la modernización de estos sistemas busca reducir tiempos, evitar duplicidad de trámites y mejorar la calidad de los registros oficiales en un país donde cada año se registran cerca de 950,000 defunciones. El primer paso formal tras un fallecimiento es la emisión del certificado médico de defunción, el documento que confirma oficialmente la muerte de una persona y registra información clave como su identidad, edad, lugar de residencia y las causas del deceso. Dependiendo de las circunstancias, este certificado puede ser expedido por un hospital, por un médico legista cuando la muerte ocurre en domicilio o por autoridades forenses en casos relacionados con accidentes, violencia u otras causas externas. Este documento es la base para el siguiente paso del proceso, que es la emisión del acta de defunción por parte del Registro Civil. “El certificado médico de defunción es el documento en el que se asienta toda la información de la persona fallecida y es el que permite al Registro Civil emitir el acta correspondiente”, explica Manuel Ramírez, director general del grupo funerario J. García López. Más allá de su valor administrativo, este documento también es clave para cumplir con la normativa sanitaria mexicana, que en su Reglamento de la Ley General de Salud en materia de control sanitario de cadáveres establece que no puede realizarse una inhumación o cremación antes de 24 horas del fallecimiento y que, si el cuerpo permanece sin certificar después de 48 horas, pueden activarse procedimientos sanitarios adicionales. Por ello, contar con la documentación correcta es fundamental para que las familias puedan realizar los servicios funerarios y la disposición final del cuerpo sin retrasos.

Históricamente, este certificado se generaba en papel y en múltiples copias destinadas a distintas instituciones. Una se entregaba al Registro Civil, otra a la Secretaría de Salud y una más al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), encargado de integrar las estadísticas de mortalidad del país. Con la digitalización, ese flujo comienza a automatizarse. En la práctica esto significa que un certificado médico emitido en un hospital pueda alimentar simultáneamente a otras bases de datos que requieran la información y reducir tiempos administrativos en un proceso que antes podía extenderse durante varios días, especialmente cuando las familias debían trasladarse entre distintas dependencias para completar trámites. La Ciudad de México se ha convertido en uno de los laboratorios más avanzados de esta digitalización. Como parte de la estrategia de modernización impulsada por la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP), desde 2021 es posible tramitar en línea copias certificadas de actas de nacimiento, matrimonio y defunción, además de otros documentos oficiales. En julio de 2025, la jefa de Gobierno Clara Brugada anunció que la capital se convirtió en la primera entidad del país en tener la totalidad de los trámites del Registro Civil digitalizados. Sin embargo, de acuerdo con Ramírez el sistema aún enfrenta limitaciones, pues el llenado de los certificados sigue dependiendo en gran medida de procesos manuales, lo que puede generar errores en los datos. “Si el nombre está mal escrito o no coincide exactamente con los documentos oficiales, se puede generar un problema legal que requiere una corrección formal”, advierte Ramírez. En registros civiles, incluso una diferencia mínima, como un acento o una inicial, puede impedir que los documentos coincidan con otros registros oficiales.

El nuevo rol de las funerarias

En este proceso de transformación tecnológica, las funerarias también han comenzado a ocupar un papel distinto al tradicional, pues demás de organizar los servicios funerarios, muchas empresas del sector se han convertido en intermediarias administrativas que ayudan a las familias a navegar los distintos trámites que se activan tras una defunción. “El problema es que la mayoría de las personas no sabe qué trámites hay que hacer cuando fallece un ser querido”, señala Ramírez. Para responder a esa necesidad, algunas empresas han incorporado herramientas digitales que permiten centralizar información, dar seguimiento al servicio funerario y ofrecer asesoría administrativa desde las primeras horas posteriores al fallecimiento. En el caso de J. García López, por ejemplo, existe Sofi, una aplicación que permite a las familias conocer quiénes realizarán la recuperación del cuerpo, qué vehículo será utilizado y seguir su traslado mediante geolocalización. La plataforma también funciona como un canal para gestionar servicios adicionales y orientar sobre los trámites que deben realizarse en las primeras 24 horas después del fallecimiento. De acuerdo con Ramírez, la modernización tecnológica también busca responder a la informalidad que existe en el sector funerario. Según estimaciones de la industria, en México existen alrededor de 6,000 establecimientos funerarios, pero aproximadamente 75% opera en algún grado de informalidad. El director general de J. García López considera que para las empresas formales, la digitalización (entendida desde buscadores en línea hasta plataformas de atención y aplicaciones móviles) también funciona como una herramienta para mejorar la transparencia del sector y facilitar el acceso a información confiable. “La tecnología no sustituye el duelo, pero sí puede evitar que las familias enfrenten un laberinto de trámites en el momento más difícil”, concluye Ramírez.

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