La NBA parece usar estos días el manual de Donald Trump, por mucho que la competición y el mandatario jamás hayan ido de la mano e, incluso, se enfrentaran en su primer mandato a través de figuras como Stephen Curry y LeBron James. La competición estadounidense persigue expandir su radio de influencia fuera de sus fronteras, un espejo de la política reciente del presidente, y convertirse en el principal actor del baloncesto europeo con la creación de una nueva Liga continental de la mano de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA). La propuesta es firme y, por ahora, no parece que vaya a contar con el beneplácito de la Euroliga, la competición de referencia del viejo continente. “O lo tomas o lo dejas”, vienen a decir los impulsores entre abrazos de oso y un intercambio diplomático de comunicados.

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