Un día me contó Valdano que a Londres llegan todos los fines de semana turistas que junto al British Museum, Picadilly y el Soho tienen como visita obligada Highbury, el campo del Arsenal, ahora rebautizado con un nombre comercial del que renuncio a hacer publicidad. Podrían escoger otro estadio londinense para sentir la emoción de la Premier: el del Chelsea, Tottenham, Westham, Crystal Palace, Fulham... Pero en ninguno de ellos tendrían la posibilidad de encontrarse a Nick Hornby, autor del mejor libro que se haya escrito nunca sobre el fútbol, Fiebre en las gradas. Por resumir, el pequeño Nick era un niño colchón, hijo de padres separados. Cada fin de semana alterno su progenitor trataba de distraerlo llevándolo al cine, al circo o al zoo. No tuvo mucho efecto, y el crío, de apenas 6 años, seguía igual de melancólico, incapaz de superar el divorcio de sus padres... hasta que una tarde lo llevó a ver un partido del Arsenal. A casa llegó esa noche con el olor de la grada impregnando sus ropas, con la retina aún impactada por los colores de aquel maravilloso espectáculo, el rojo intenso de las camisetas del Arsenal sobre el verde del césped, con los sonidos del estadio zumbando en sus oídos. Su padre le pidió entonces a su exmujer que la custodia compartida se ajustase a los días que el Arsenal jugase en casa.
Infantino y la fiebre en las gradas
El fútbol fue el deporte de los barrios, de los colegios y de las tabernas, pero con Infantino los estadios pronto acabarán siendo un coto privado de millonarios más atentos a salir en un contraplano con sus mejores galas que a sentir la fiebre en las gradas