Me gusta pensar que ni rebuscando a conciencia en los sĂłtanos de la tabla periĂłdica encontrarĂamos un elemento tan sĂłlido como el fĂștbol, que lo aguanta todo. Nada ni nadie puede con Ă©l. No existe criptonita que lo debilite ni vergĂŒenza que lo atraviese. Y debe ser por eso que, a pocas horas del arranque para este Mundial estrafalario de las tres sedes, los cuarenta y ocho combinados nacionales y el premio FIFA de la Paz, a todos los que amamos este juego loco y desesperado se nos forma un nudo en el estĂłmago imaginando la felicidad que se nos viene encima: si nada les parece comparable a la emociĂłn de ver ganar a los suyos, imaginen el desenfreno cuando son los otros quienes terminan levantando la copa.
El fĂștbol lo aguanta todo
El que inventĂł este juego sabĂa lo que hacĂa y uno siempre termina tomando partido por alguno de los contendientes sin necesidad de entender las razones