La obra de David Hockney, fallecido este jueves en Londres a los 88 años, puede leerse como una sucesión de ciclos temáticos desplegados a lo largo de más de seis décadas: las piscinas californianas, los interiores domésticos, los retratos de amigos y familiares, los paisajes de Yorkshire y Normandía, y una curiosidad constante por las herramientas técnicas, de la Polaroid al iPad, pasando por el fax y la fotocopiadora. En todas sus etapas, Hockney habrá sido un pintor de la vida moderna, casi un Manet de su tiempo, siempre atento a la perspectiva, la luz, el paso de las estaciones y el reverso melancólico del deseo.

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Tres obras de la exposición 'Fleurs fraîches. Dessins sur iPhone et iPad' (Flores frescas. Dibujos en iPhone y iPad), que se pudo ver en París en 2010.'Pearblossom Highway, 11-18 April 1986', montaje de fotografías de David Hockney.