David Hockney, una salpicadura demasiado grande
Desde el trampolín del artista, queremos volver a California con sus falsas palmeras para confirmar la sensación de pereza que construye como nadie en la historia de la pintura
El gran pintor David Hockney —fallecido este jueves— debió de sentir la misma sorpresa, ambivalencia casi, que nos invaden a los europeos al llegar a LAX, el aeropuerto de Los Ángeles. Hockney llegaba muy pronto además, a mitad de la década de los sesenta. Llegaba a una ciudad contradictoria y fascinante —la que sigue siendo— que fluctuaba entre Hollywood y su paseo de la fama y las protesta de UCLA, una universidad muy activa políticamente en aquellos años, como ahora, a la cual estuvo muy vinculado.