Mientras Saraí Jiménez trabajaba jornadas completas en corporativos globales sentía que llegaba tarde a la vida de sus hijos, pero al quedarse en casa aparecía otra inquietud, la de estar perdiendo terreno en un mercado laboral que rara vez perdona las pausas. “Cuando trabajaba me sentía mala madre y cuando estaba en casa me sentía improductiva”, describe, y es que esta tensión terminó por marcar el momento más complejo de su carrera profesional. La trayectoria de Jiménez avanzó sin tregua durante más de una década. Primero en Sony, en PlayStation y después como marketing manager de VAIO, hasta que en 2013 dio un giro de industria al incorporarse a Starbucks México , operada por Alsea, como subdirectora de comunicación y relaciones públicas, donde no solo lideró la comunicación de marca, también se involucró en el origen del café, en las comunidades productoras y en proyectos que conectaban negocio con impacto social. Esa mirada se amplió cuando asumió una posición en planeación estratégica dentro del grupo Alsea , más cercana a los números y a la toma de decisiones de largo plazo, justo cuando su carrera ganaba visibilidad interna.

La pausa laboral

Fue entonces cuando su vida personal cambió. Jiménez estaba embarazada de su segundo bebé, el hijo mayor aún era pequeño y la decisión que siguió no fue cómoda ni lineal, así que optó por salir del mercado laboral para dedicar tiempo a su familia. “No fue una pausa tranquila, tenía mucho miedo de no poder regresar”, reconoce, consciente de que se encontraba en una etapa crítica de su trayectoria y de que la maternidad sigue siendo, para muchas mujeres, una ruptura difícil de explicar en un currículum. Durante ese periodo adquirió habilidades que antes no había ejercitado con la misma conciencia, como la paciencia, la escucha y la capacidad de dejar que los procesos maduren. “Aprendí que no todo se puede forzar y que muchos procesos necesitan tiempo para crecer”, dice, un aprendizaje que hoy aplica tanto en su vida personal como profesional. El regreso al mercado laboral ocurrió en 2022, cuando aceptó una posición en Intel México como Commercial Marketing Specialist bajo un modelo de trabajo flexible que le permitió retomar su carrera sin renunciar a la presencia cotidiana con sus hijos. Volver no fue inmediato ni sencillo. “Pensé que iba a estar obsoleta, pero entendí que mientras tengas disposición para aprender, siempre puedes volver a adaptarte”, expresa. Dos años después, Starbucks volvió a buscarla, esta vez para un rol distinto. En 2024 regresó a la compañía como directora de Reputación y Construcción de Marca de Starbucks México , una posición que integra reputación, sostenibilidad y relación con comunidades, y que no se dio sin condiciones sobre la mesa.

Jiménez sabía el valor que podía aportar a la compañía, pero también lo que no estaba dispuesta a sacrificar: flexibilidad, confianza y un liderazgo basado en resultados y no en horas frente a un escritorio. “Si esas dos cosas no funcionaban, no lo hubiera tomado”, afirma. Para ella, negociar no fue un acto de comodidad, sino de responsabilidad con su salud mental y su familia. Ese regreso también significó retomar uno de los proyectos que mejor reflejan su manera de entender el propósito empresarial. Todos Sembramos Café nació tras recorrer comunidades cafetaleras y constatar que detrás de cada taza había productores enfrentando pérdidas por la roya y falta de acompañamiento técnico. “No tenía sentido hablar de marca si no entendíamos primero de dónde venía el café y qué estaba pasando con quienes lo producían”, explica. Once años después, los resultados permiten dimensionar el impacto. A través del programa se han entregado más de 5.6 millones de plantas de café resistentes a la roya y se ha beneficiado a más de 20,000 productores en distintas regiones del país, creando una red que conecta a caficultores, agrónomos, colaboradores y consumidores. Solo en 2025, el programa contempló la entrega de 815,000 plantas a productores de Puebla, Veracruz y Chiapas, un crecimiento de 5% respecto a 2024, cuando se distribuyeron 776,000 plantas. Para Jiménez, esos números son una prueba de que el propósito puede sostenerse en el tiempo cuando se integra al modelo de negocio. “La reputación no se construye contando historias, sino ejecutando proyectos reales y siendo consistente con ellos”, sostiene. “Me quedó claro que si una empresa tan grande tiene recursos, esos recursos también tienen que trabajar a favor de la gente”, explica.

Hoy su jornada sigue siendo exigente, pero diseñada con reglas propias, sale a comer con sus hijos, organiza su agenda con disciplina y combina trabajo presencial con trabajo desde casa, sin hablar de un equilibrio perfecto, sino de decisiones conscientes y negociadas. “El balance no es algo que encuentras, es algo que construyes todos los días”, dice. La historia de Saraí Jiménez no funciona como una receta única, pero sí como una referencia concreta para otras mujeres que atraviesan dilemas similares. Salir del mercado laboral no equivale a desaparecer, pero regresar exige convicción, preparación y, sobre todo, claridad sobre el valor que se puede aportar. Jiménez insiste en algo que suele omitirse en las conversaciones sobre liderazgo femenino . “No hay que compararse con nadie, cada mujer tiene circunstancias distintas y decisiones distintas que tomar”, dice. Para ella, el error no está en pausar, regresar o quedarse, sino en vivir la elección con culpa o medirla con la vara de otros. El desarrollo profesional no es una línea recta ni una carrera contra el tiempo. Es una construcción por etapas, donde el propósito, la familia y el trabajo no tienen que excluirse, pero sí necesitan negociarse. Para muchas mujeres que hoy dudan entre seguir, pausar o volver, su historia ofrece algo más útil que inspiración, la certeza de que es posible diseñar una trayectoria propia sin renunciar a quiénes son.

]]>